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POEMURALISMO

LA ETICIDAD EN EL ARTE
Tesis en torno a los Poemurales y la ética de la liberación

Jorge Solís Arenazas

Intento aquí desarrollar algunas notas en torno a dos propuestas paralelas. Se trata, por una parte, del movimiento de la ética de la liberación - particularmente en cuanto a los aportes de Enrique Dussel se refiere -, y, por otra, se trata de los "poemurales" de Roberto López Moreno. Más concretamente se trata de generar un diálogo con los "poemurales" a partir de algunas notas que nos propone la ética de la liberación. Debo decir desde ahora que ambos referentes tienen puntos coincidentes que permiten estructurar un análisis como el que aquí propongo, pero deben de hacerse explícitas algunas ideas ya que se tratan en realidad de dos propuestas teóricas distintas. Una compete más al campo de la filosofía, a la ética en cuanto que filosofía primera, mientras que la otra corresponde a un ejercicio literario en el sentido estricto de la palabra, iniciado por López Moreno y asumido por mí últimamente. Toda esta separación se debe a una mera exigencia formal para abordar el asunto ya que, como intentaré ir demostrando colateralmente, se trata de dos ámbitos de un problema único, consustancial.

I

"El otro que me da la cara no está incluido en la totalidad del ser expresado.
Reaparece desde el fondo de toda reunión del ser, como aquel a quien expreso lo que expreso. Me vuelvo a encontrar así frente al Otro.

-Emmanuel Lévinas, «Humanismo del otro hombre»-

Tanto la ética de la liberación como los poemurales surgen en América Latina. Y se dan, a su vez, en un periodo de tiempo similar. Baste citar las fechas de nacimiento - tratando de encontrar ese pequeño dato que permitirá abrir nuestro contexto- de los fundadores de una y otra propuestas: Enrique Dussel y Roberto López Moreno: 1934 y 1942, respectivamente. En realidad, para efectos de ubicación del contexto de la génesis de estas dos propuestas, ocho años no representan mayor diferencia.

Todo esto es importante porque se trata de algo similar que situará en un contexto idéntico a ambas propuestas. La niñez de ambos autores se ve todavía enmarcada por los estragos mundiales que se han generado a partir de la primera guerra por el dominio del Capital global, la primera guerra imperialista. Posteriormente se da todo el desarrollo de las crisis de los países capitalistas centrales y su ulterior reestructuración. En el ínterin de las crisis de las "potencias" capitalistas se abre la posibilidad para que los países periféricos (del "tercer mundo") desarrollen vías relativamente autónomas de un proyecto nacional. En este tenor es que los países latinoamericanos van desarrollando populismos que, directa o indirectamente, van a contribuir más tarde al fenómeno de las dictaduras militares latinoamericanas. En efecto, la constitución de los Estados nacionales alrededor de los años posteriores a la primera guerra imperialista y durante todos los años de la segunda guerra significan la formación de una amplia base social, económica, política, etc., que fue siempre débil y requirió para su propia marcha del respaldo de la fuerza policíaca y militar como su fundamento primero. Esto se dio, entre otras muchas razones, porque los Estados desarrollaron un proyecto nacional que sucumbió rápidamente sin poder integrar a la sociedad civil de una forma más desarrollada. Y se trata también, como lo ha indicado Dussel a partir de las enseñanzas de la teoría de la dependencia - cuestión que no abordaré- , de la adopción de un modelo desarrollista que mostró de forma palmaria su fracaso.

Lo anterior es, me parece, suficiente para entender que ambas propuestas surgen ante una situación esencial de Latinoamérica: dependencia estructural frente al Capital internacional y su constitutiva y concomitante consecuencia de miseria, de "creación" de pobres.

Ahora bien, tanto la ética de la liberación como los poemurales han optado por ver frente a frente a este lamentable hecho, y de ahí parte todo. Así que aquí también se tomará en cuenta para esbozar todas estas ideas y ver qué tantas posibilidades comportan.

II

Se debe comenzar indicando uno que otro aspecto aislado de la ética de la liberación que va a permitir más adelante problematizar ciertas ideas. Esta importante teoría ha pasado por varios periodos peculiares pero me limitaré a abordarla desde sus últimos avances (1). Esto no ahorra, por supuesto, la explicación de lo demás, pero por razones obvias de método tendré que presuponerlo. Aún así debo decir que la ética de la liberación surge como una filosofía de la liberación latinoamericana aunque hoy se trate no de una simple teoría latinoamericana, sino de corte mundial dados ciertos criterios y principios con pretensión de universalidad que trataré de indicar únicamente.

La ética de la liberación se inserta en un amplio debate mundial en donde la teoría que reflexiona sobre la ética pasa por varios importantes momentos. Se deben mencionar, por lo menos, los dos más importantes: las morales formales (Habermas, Rawls, Apel, etc.) y las muchas variaciones de las éticas materiales (principalmente el comunitarianismo). Ahora, la ética de la liberación no niega ambos momentos teóricos, sino que los asume críticamente, demostrando sus insuficiencias, y formula un tercer momento, de factibilidad, que enriquece toda la discusión y la eleva a un plano de mayor rigor. Posteriormente, la ética de la liberación formula estos tres momentos de forma crítica llegando hasta toda la actual discusión de los procesos de liberación, los sujetos históricos, etc., lo que es en realidad el fondo de todo ese trabajo. De este punto más profundo se tratará de pasar a los poemurales.

(1) Cfr. Dussel, Enrique "La ética de la liberación en la edad de la globalización y de la exclusión"; edit. Trotta, Barcelona, 1998.

III

La ética de la liberación cobra una riqueza y complejidad extraordinarias debido a que no se niegan otros principios teóricos, llanamente. Al contrario, se analizan minuciosamente y se van tomando como momentos necesarios pero no suficientes (2). Con esto puede subsumir varias notas importantes de otras teorías, permitiéndose superarlas críticamente.

Los poemurales tienen una lógica similar, su diferencia la establece el status literario antes que filosófico (aunque esta división sea también sólo formal). Estos se permiten ingresar en todo su cuerpo de poemas varios elementos de la comunicación y la creación humanas, fungiendo como un centro, un "río", en donde varios ámbitos de la realidad confluyen. El poemural, en su amplitud, permite figuras más o menos ajenas o paralelas al poema: citas periodísticas, científicas, nomenclatura matemática o el solfeo de la música, datos históricos, etc.

Este lenguaje que concibe dentro de su propio cuerpo varios lenguajes es una experiencia colectiva y plural. La poesía se "invade" lo mismo de ciencia que de música, o simplemente de resonancias continuas: irrupción de sonidos. Pero encuentra una cohesión final y mayor, donde ningún elemento queda pendiente o agotándose en una distancia. Y todo ello se reúne, por ejemplo, en una visión de la cultura como conjunto, como base inicial de actividades diversas que van, una y otra vez, intercambiándose los órdenes en los cuáles pueden clasificarse: se pasa de la "poesía política" a la "amorosa" y, posteriormente, se juega simplemente con el lenguaje y la forma, para volver finalmente a una poesía que podemos llamar "histórica" en cuanto se torna testimonio de la historia que ha sido silenciada - incluso al pretender contarla.

En fin, el caso es que al igual que la ética de la liberación se van subsumiendo aquí varios momentos que indican diversos ángulos de una problemática más radical y compleja, no fragmentada.

La ética de la liberación, por un lado, define un criterio universal de fundamentación material - la vida humana como forma de realidad concreta -, de donde logra extraer un principio - se trata de sus aspectos deontológicos- universal también: el deber de producir, reproducir, desarrollar y mantener la vida de cada sujeto ético en comunidad. Esto permite fundar toda una ética, con sus sustanciales y posteriores avances, trascendiendo una limitada axiología.

Por igual, los poemurales no pueden calificarse a través de una axiología del "valor estético". Estos también, de forma implícita o explícita, mantienen el mismo criterio material universal de la ética de la liberación, por lo que exigen formular nuevos criterios en su búsqueda y en su crítica.

Así, en todo el desarrollo de la ética de la liberación vamos encontrando elementos colaterales para producir una lectura ética de los poemurales.

(2) Cfr. Dussel, Enrique "La ética de la liberación ante el desafío de Apel, Taylor y Vattimo"; ed. UAEM, Méx., 1998.

IV

"La desnudez del rostro (del Otro) es un despojamiento sin ornamentos culturales - una absolución -, un desapego de la forma en el seno de la producción de la forma. El rostro entra en nuestro mundo a partir de una esfera absolutamente extraña, lo que equivale a decir, a partir de un ab-soluto que es, por otra parte, el nombre mismo del extrañamiento fundamental. La significancia del rostro, en su abstracción, es, en el sentido literal del término, extraordinaria, exterior a todo orden, exterior a todo mundo".
-Emmanuel Lévinas, «Humanismo del otro hombre»-

El poemural, como su mismo nombre lo indica, tiene una convergencia con el movimiento de los muralistas en México; como se sabe, éste tenía un acentuado carácter político franco. Esta mirada de los poemurales es importante en varios sentidos. Por un lado, destaca aciertos de teorías artísticas que no se reducen únicamente a la poesía o a la crítica literaria; por otro, puede desenvolver una rica amalgama de experiencias históricas que van definiendo su carácter abiertamente político.

Esto último me interesa en particular. Dentro de los criterios que la ética de la liberación ha formulado, la estética en su conjunto puede entenderse como un momento constitutivo de la subjetividad, el cual es importante por cuanto desarrolla la vida humana, y en cierto sentido la reproduce. Los poemurales, sin embargo, recogiendo todo una herencia crítica, no se limitan al simple desarrollo de la vida humana, sino abrogan por su producción y reproducción como condiciones primarias. Esto queda ejemplificado a continuación:

"Yo, Sancho,
mi señor, le digo:
la peor locura que cometerse pueda
es dejarse morir (...)" (3)

O más adelante:

"Sancho,
recuerda,
debemos luchar
- a lanza viva -
por el derecho a nuestra muerte.
¡Vive!"
(4)

Esto es una palmaria muestra de la complejidad de los poemurales. Pero se acentúa cuando se ve que las intenciones claramente políticas, en cuanto respuestas a una situación más general de exclusión y subsunción, no son referencias que subordinen todos los otros aspectos como las formas, el estilo, el metro, etc. Esto, precisamente, es más que difícil porque no es una poesía reducida, que se restrinja al simple papel de la propaganda. Ya todos conocemos las amargas experiencias del "arte centralizado a una dirección unívoca trazada desde un ente rector" (Verbigracia: El realismo socialista del PCUS, o un ejemplo más cercano, los patrones unilaterales que los institutos de cultura han impuesto para difundir el trabajo artístico y apoyarlo -CNA, FONCA, INBA, Difusión cultural, etc.-). Aquí se logra superar esto y mantener su carácter crítico.

Los poemurales hacen todo esto bajo el mismo lineamiento de fondo que la ética de la liberación: el re-conocimiento del Otro; una respuesta ética frente a la alteridad, la otredad. Así, los poemurales son en el fondo una ética desde la vida del otro, exigencia primera de la teoría propuesta por Dussel.

(3) López Moreno, Roberto "Manco y loco, ¡Arde!"; ed. Gob. del Estado de Chiapas, Méx., 1991, pp. 96
(4) López Moreno, Roberto Ibid. pp. 97

V

"¿Cómo podría soportar mi misma humanidad si el hombre no fuera al mismo tiempo poeta, adivinador de acertijos y redentor del azar?"

-Friedrich Nietzsche «Así habló Zarathustra»-

A guisa de epígrafe, sobre los poemurales, podría decirse lo siguiente: "Je pense danc je suis (Descartes) es la causa del crimen contra el Je danse danc je vie" (5). Esto, por lo menos, puede ser la obertura de un despliegue interesante en cuanto al manejo de los símbolos en torno a esta propuesta estética: se trata de una organización no jerárquica de sus elementos. Los poemurales manejan un simbolismo más que interesante, insertándose en la de-construcción y re-construcción de ciertas identidades - desde la otredad -; identidades que van de un orden histórico, conllevando tradiciones, mitos, narrativas regionales, etc., hasta encontrar un lugar y un nuevo ordenamiento para todos estos ámbitos. Se encuentra lo polihistoríco aquí. Pero antes es menester desentrañar algunas cuestiones en torno al citado simbolismo de nuevas perspectivas.

Se trata aquí de hablar de la Iguana y el Colibrí como entidades que devienen en sujeto de una expresión profunda que los poemurales logran extraer. Nos dice López Moreno:

"La fusión y disyunción de la Iguana y el Colibrí viene a representar en el ámbito de la cultura, lo que la simbología del Águila y la Serpiente en el pensamiento político-nacional mexicano. El Colibrí es al Águila lo que la Iguana a la Serpiente, los extremos de abajo y arriba sujetos en un nudo aéreo y terrestre al mismo tiempo" (6)

Y más adelante:

"La Iguana es la representación del tiempo (...); por lo tanto, el símbolo que le corresponde es la línea horizontal. (...) Su horizontalidad es sapiencia.

(Por otro lado, el Colibrí) ... surge de la Iguana, de su sabiduría y se convierte en la imaginación de ésta, es decir, en su vuelo. Por lo tanto, la línea que corresponde al Colibrí es la vertical (...). La verticalidad es la imaginación que la sabiduría produce" (7).

Aquí se emprende una hermenéutica histórica que parte de las formas y formaciones simbólicas en referencia a una realidad latinoamericana. Es decir, no se reduce a una protesta en torno a las condiciones de miseria, de «negatividad material» a la manera de Horkheimer. Más allá de la simple indignación, se entreteje un núcleo referencial (los símbolos) que encuentran una base nueva de los discursos sobre la producción y creación en América Latina, lo que compete directamente al arte pero también al conocimiento, al saber, a la verdad y a varios ámbitos (especialmente discursivos) de la subjetividad.

Esto es importante porque abre un camino dialógico que supera los dualismos de la cultura helenística y el ahora desplegado helenocentrismo. Además, este "nudo terrestre y aéreo", sin preponderencia de algún extremo, permite superar la organización jerárquica de los discursos del saber actualmente.

Por otra parte, a la manera de la ética de la liberación, no hay dentro de la subjetividad una instancia rectora, centralizadora y determinante de todo lo demás. En cambio, hay una conjunción en co-determinancia y reciprocidad entre la totalidad de ámbitos constitutivos. Además, no puede hablarse aquí tan sólo de una subjetividad, "a secas". Se abre aquí la posibilidad y la necesidad de generar una vez más toda esta interpretación a partir de lo intersubjetivo.

Por lo pronto, es necesario decir que aquí, de forma análoga, se cumplen dos de los principios y criterios de la ética de la liberación: el material y el formal, atendiendo a sus elaboraciones más completas y complejas: un criterio material-crítico y discursivo-crítico; esto es, se trata de la reproducción de la vida del Otro, excluido de las posibilidades materiales, pero también de su participación simétrica en los demás ámbitos, lo que potencia su vida desarrollándola y negando un margen gregario a ésta.

Como es fácil observar, los poemurales desarrollan un sentido y una dirección singular que habla de una unidad constitutiva de las sociedades. Esto sugiere varios puntos. En primer lugar, es conocido el apotegma de Heidegger según el cuál, "La palabra - el habla- es la casa del ser" (8), de forma análoga a Wittgenstein, pero cabe plantear la siguiente pregunta: "¿qué tipo de lenguaje debe formularse dentro de los contextos indicados?". Se debe crear más que un lenguaje un espacio, una lógica y una dinámica de éste. En efecto, es menester generar, en tanto que espacio, un poemural en este caso, una posibilidad de albergar una multiplicidad de lenguajes, estilos, formas. Un espacio en tanto que vacío a construir en una positividad dada.

En segundo lugar, se trata de una lógica -la lógica de la alteridad descrita anteriormente- por cuanto se agrupa el lenguaje y sus funciones desde la consideración final, ética, del Otro. Y, por último, se trata de una dinámica, consecuencia de esta misma lógica. La dinámica es el diálogo y la instrumentación de una obra a partir de diversas figuras. Es aquí donde se llega al tema de lo polihistórico. Este es, de acuerdo con Broch, la organización, bajo cierta racionalidad plural, de amplias creaciones intelectuales, con sus específicos medios, también variados, y una Forma que se define albergando diversas formas.

Por ello todo el simbolismo de la Iguana y el Colibrí expresan una fuerza "polihistórica" necesaria para generar este paradigma de lenguaje alterativo.

"En una síntesis dialéctica se podría estimar que la línea horizontal del diagrama corresponde a la ciencia (la tierra hechas sabiduría) y la línea vertical a las artes (la tierra hecha imaginación) pero habría que admitir que la contradicción externa aquí planteada lleva implícita una contradicción interna que se localiza en las contradicciones internas y externas que se dan a su vez en cada una de las dos rectas (la imaginación que lleva al conocimiento y el conocimiento que lleva a la imaginación durante el proceso de desarrollo tanto en las ciencias como en las artes".

Lo que importa es que este paradigma de lenguaje alterativo no comporta restricción alguna en apropiarse de todos los elementos posibles para, en una madeja, formular nuevamente el tema de la inter-subjetividad, su negación y afirmación a partir de la historia. En consecuencia, se habla aquí del tema cardinal, el nervio sensible de todo esto, que la ética de la liberación nos ha enseñado: el deber de producir, reproducir y desarrollar la vida de cada sujeto ético en comunidad. Esto implica, una vez más, situar el papel mismo del conocimiento y la imaginación en este contexto. Se trata de admitir una ética responsable por la vida del Otro, que debe subyacer a todo arte y a toda ciencia.

(5) Boulaga, E. "La crise de Muntu"; 1977, citado por Dussel, 1998, pp. 10
(6) Cfr. López Moreno, Roberto Poemurales: un acto ético en "De la obra poética"; ed. Papeles Privados, Méx., 1995, pp. 11-12; También se ha publicado en el número cero de la revista «alter-poiêsis»
(7) Ibid. pp. 12
(8) Heidegger, Martin "Carta sobre el humanismo", ed. Peña Hermanos, Méx., D.F., 1998, pp. 65

VI

Cabe mencionar, de paso únicamente, que los poemurales surgen de una de las expresiones más acabadas de la vida humana: el juego. La experimentación, la construcción, de-construcción, re-construcción y trans-formación de sus propias formas es el núcleo de su propia constitución. Los poemurales, como las obras más peculiares e importantes en cuanto al arte se refiere, surgen de su elemento lúdico.

Por consideraciones elementales, la poesía juega con su primer elemento, el lenguaje. Entonces, sí se trata también de una movilidad del lenguaje que implica un ejercicio importante. Las estructuras herméticas, en ocasiones, o aparentemente simples, en otras, de los poemurales son un tema paralelo, pero se debe indicar aquí que son soporte de una práctica esencial: el ejercicio del diálogo (como de-construcción desde cierta polisemia) dentro de la literatura. Sus estructuras aparentemente más simples juegan especialmente con el espacio y la musicalidad, mientras que sus estructuras más herméticas - diseñadas desde Lezama principalmente, adoptando creativamente varios de sus juegos y propuestas- corresponden más a tipos simbólicos, metafóricos, etc., de ciertas expresiones y problematizaciones. El "lector" - figura engañosa para comprender todo esto- debe de sumergirse en un rastreo y horadar sobre esas superficies, para ir velando algunos sentidos y significados, con lo que se cumple un circuito comunicacional siempre abierto, donde la implementación de un nuevo significado forma la construcción del "espacio" al que más atrás se hace referencia, así como al también citado diálogo como dinámica desde la exterioridad.
Uno o dos ejemplos ilustrarán esto:

"Un caballo en descabello
doble adarga el cabalgante
rocío de sed Rocinante
delgada sed sin destello.
Adarga metal y cuello,
doble punzón deslindando
cuatro cascos en un bando
cuatro brillos cardinales.
Sangrados los manantiales
Del caballero avanzado".

O un poco atrás:

"Antena del anatema,
trino del temor tomado,
tomo de tema timado,
tímido tumor del tema.
No hay antena que no tema
tomar tensa, tan temido
tema tumefacto, mido
sistema a tema en cadena.
Tímido temor de antena,
temido temor, te mido."
(9)

(9) Cfr. López Moreno, Roberto Décimas Lezámicas en "De la obra poética"; ed. Papeles Privados, Méx., 1995

VII

Para concluir, deseo plantear algunas posibilidades negativas performativamente hablando que pueden conducir hacia problemas a los poemurales. En primer lugar, los poemurales surgen dada la situación de exclusión en Latinoamérica. Pero requieren situar de forma más amplia la cuestión. Se debe heredar un marco y una estructura arquitectónica que atienda de forma más directa la cuestión de la mundialización, a la manera de Amin. En ese tenor, se tendrán claras las nociones de "centro" y "periferia" dentro de una economía-mundo ("sistema-mundo"), con Wallerstein. Con esto se eludirá tanto el eurocentrismo como un "etnocentrismo latinoamericanista". No quiero decir, con esto, que los poemurales tiendan en alguna forma al "chouvinismo". Lo único que aquí se plantea es ampliar su horizonte conceptual de reflexión.

Esto conduce a los otros planteamientos. Dentro del sentido indicado, y las anteriores menciones sobre una hermenéutica y la configuración de nuevas nomenclaturas simbólicas, se debe desarrollar una distinción (ontológica y trans-ontológica) entre lo "nuestro", lo "propio", etc. para volver a realizar una interpretación histórica. ¿Hasta dónde puede hablarse de "tradiciones" latinoamericanas?, ¿Cuál es "nuestra verdadera cultura"?, ¿Desde qué punto se trata ya de una mutación - no necesariamente negativa- que ha sido generalmente impuesta?. Esta y otras cuestiones son las que se tendrán que responder para realizar la tarea indicada. Pero hay una cuestión central que me parece es el primer paso a dar para llevar a cabo toda esta elaboración teórica: ¿Qué criterios normativos pueden plantearse para llevar a cabo, y comprender, un histórico "cara-a-cara" entre diversos mundos de la vida?

Un acto éticoPor el momento sólo indico estas cuestiones y no intento aquí desarrollarlas. Por otra parte, y para concluir esta primera parte de un diálogo más amplio, me interesa sostener que se requiere construir un planteamiento que nos lleve a una estética de la liberación. Creo que un diálogo crítico con los poemurales es el primer paso para ello.

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