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POEMURALISMO

COLIBRÍ EN LA PARED
Ángel Carlos Sánchez

"Todo es nuevo bajo el sol", nos recuerda Roberto López Moreno en uno de los poemas que conforman Morada del colibrí, su libro recientemente editado por la Dirección de Publicaciones del IPN. ¿Alude de esta forma irónica a quienes han hecho de la "originalidad" un modus vivendi más que un estilo? Porque si, como nos muestra, la cultura latinoamericana (o culturas que conviven en ese ámbito) está basada por igual en el conocimiento y la imaginación, cualquiera que haya nacido o permanecido en ese contexto el tiempo suficiente se reconocerá a sí mismo como intérprete y/o receptor de una herencia múltiple como el conocimiento de los pueblos que esta región del mundo aglutina y cambiante como la imaginación que las cosmogonías de las culturas originales privilegiaron.

Pero no es únicamente una confrontación esta manera de mirar y de hacer la literatura. El poeta López Moreno es suficientemente capaz de encontrar y reconocer en los otros lo que de importante han dicho o realizado. Así, su apuesta no es únicamente por la transgresión sino que considera igualmente la integración de lo distinto como algo básico en su trabajo para lograr la convivencia complementaria de las voces que pueblan cada uno de sus "Poemurales".

Y en esto, a pesar de posturas a favor o en contra de la socialización de la poesía, asume una visión, una historia, en esta complejidad desmemoriada que habitamos: "iguana que palpita lumbre / en este colibrí de voz izquierda". Arriesga con ello la caída en el prejuicio de los lectores que se piensan (o se declaran) a sí mismos “apolíticos” en este sistema depredador como si se pudiera estar inmóvil en un planeta que se desplaza a más de cien mil kilómetros por hora a través del espacio.

Pero quienes lean con atención podrán darse cuenta que los "Poemurales" no son cantos partidistas, ni panfletos a favor de una visión política sectaria. En ellos se reúnen, como pocas veces, todo o casi todo lo que es inevitable, importante, para el ser humano de este lado del pensamiento. Porque el ser latinoamericano es alguien que se asume parte imprescindible de este mundo: "qué sería del paisaje sin el hombre a cuestas".

Podemos encontrar también lo personal, aquello que forma parte del bagaje íntimo del poeta y que a veces con o sin querer lo sustituye: "el mar jamás tendrá la hondura de una lágrima". Así va llenándose el libro con los actos, los personajes y las personas que han hecho del autor una voz en expansión. Y son en ese proceso tan importantes los conocidos como los que están por conocerse: los ojos y el cuerpo (de imaginación más que imaginados) de Dulcinea perciben por primera vez la fluidez de un río americano en la corriente de unas palabras, mientras Lezama Lima y Bautista Villaseca cantan un deseo a dúo.

La música "tará tararararará raa / tará tarararara rá", la pintura “el día es barco rojo frágil de papel”, las personas que hicieron personajes de sus nombres “Gabriel, Nicolás, Jaime, Juan, Pablo, Ramón”, los personajes que siguen sin sus nombres “Clemente Hernández Delgadillo Diego Hernández Delgadillo”, están ahí, haciendo del poema un mundo, muchos mundos que quizá en alguien o en algunos se han tocado “Adolfo Mexiac, Benito Messeguer, Guillermo Ceniceros, Francisco Moreno Capdevilla, Leticia Ocharán.”

Pero tampoco estos poemas son únicamente la memoria, no sólo tratan de decirnos lo que ha sido, lo que se ha hecho antes, ahora, sin nosotros; estos textos son también (a la manera de los poetas prehispánicos) la formulación de una pregunta o de muchas preguntas que tratan de encontrar no las respuestas sino los ecos que las hagan prolongarse hasta formar el tacto de algo más amable “¿qué hará mi corazón? / ¿acaso sólo vino a la tierra en vano?” o “¿cuánto amor se requiere para hacer el mundo?”

¿Cuántas palabras son necesarias para decir lo que los números plantean y viceversa? López Moreno se da cuenta de que no hay símbolos ajenos a la expresión de lo importante para el ser humano. Para él las matemáticas pueden también significar la expresión de lo más hondo “Súmate. / Cantidad hechizada. /Ahora ¡vuela!” Y recuerda ahí también la participación de eso que nuestro ser latinoamericano conserva, para decir junto con el cero maya “Saurio en estado de equilibrio perfecto / Conciencia de lo eterno / (Círculo abierto, infinito cerrado)”.

Es quizá en lo referente a la pintura donde el autor más influencia reconoce de su entorno histórico. De ahí, seguramente, la decisión de optar por el mural para expresar eso que no debiera pertenecer a colecciones privadas: la cultura, sobre todo la que es resultado de adaptaciones sociales que a todos incumben, la mayor parte de ellas dolorosas. En sus cuadros descritos, narrados, reconocidos, retocados, el poeta introduce los colores comunes: el dolor, el asombro, la rabia, la pasión. No teme, de este modo, usar el corrido, la prosa, lo popular, lo temido por quienes aceptan y se conforman con que el mundo ya esté hecho y tenga propietarios.

El fresco, la técnica principal para hacer de las paredes un material artístico, no es nuevo, las antiguas civilizaciones de muchas regiones del mundo lo utilizaban hace siglos. Testimonios quedan suficientes. Sólo que ahora la sombra de un colibrí se ha proyectado en las páginas más frescas de nuestros días. Hay quienes seguramente creerán que el pajarillo se equivoca, que ha confundido una grieta dibujada con un espacio real; yo opino que no, que cuando la pared haya secado suficiente, en ella perdurará la silueta del avecilla, integrada ya con la pintura de las palabras que constituyen nuestro lenguaje más profundo: el poético, haciendo de cada una de ellas su morada.

La carne empieza a levantarse,
como espuma de la tierra.
Es nuestra herencia una red de agujeros
-circular visión de los vencidos-
pero también la guacamaya invidente
granjeándose los ojos, la lengua.
Ahora nos levantamos
vino rojo, refugio, salitre, ventanas a pique,
ligaduras tremoladas, los albores y la camaradería.
Las voces rascacielos,
los signos del río que es ahora desde quién sabe cuánto.
La tea quema en lo Alto
Altor Altazor
Al son, desciende al son,
Al son del Corazón
Sóngoro cosongo Sóngoro del son.
Son. Lava. Lascas. Lavalascas.
El fuego hirviendo sobre el agua.

Fragmento del Poemural In Memoriam

¿En dónde el colibrí cuando no frente a los ojos?
¿Sobre qué incógnitas su voltaje?
¿En qué parte del prisma está vibrando?
Rotación.
La mañana se abre guanábana sobre el escándalo del día,
y cada casa, cada músculo, cada sobresalto
es un aéreo nudo de fuego.

Con la sangre del Colibrí
los pintores prendieron fuego sobre los muros,
desde entonces,
los hombres ya no fueron los mismos,
habían izado el color frente al espacio.

Tu casa es también el río de gente sobre el páramo,
el cadáver de una lágrima,
el cauce seco y la sonrisa,
la palabra que habitamos todos.
Que sería del paisaje sin el hombre a cuestas,
el hombre sin su hermano, Colibrí,
sin el trabajo.
Somos tu ámbito, ave y
tú nuestra casa que vuela.


Fragmentos del Poemural Morada del Colibrí

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